No le fue fácil iniciar su paso en el extranjero, pero a punta de esfuerzo y sacrificio logró hacer una carrera en Europa. Desde llegar a Italia, estar seis meses sin sueldo y el cambio de apellido, nutren algunos pasajes de su vida. A sus 30 años se negó a permanecer en el fútbol italiano para regresar al club de sus amores y situarlo en la Primera División. Esta es su ciudad, su tierra y su gente

Todavía no se puede sacar la espina que le dejó la final perdida en 2005. Es un dolor que siempre estará con él, por eso que cuando regresó hace un par de semanas al club pirata y fue presentado al plantel, el técnico Juan José Ribera se le acercó a darle un abrazo afectuoso, y entre bromas, Nicolás Crovetto le exclamó “no me abrace tanto, si todavía sigo picado por la final que perdimos con ustedes”. Acto seguido, se miraron a los ojos, palmada en el cachete de la cara, risa y abrazo fuerte. 

El lateral volante por izquierda decidió instalarse nuevamente en su ciudad natal, para cumplir el desafío que le ha sido esquivo desde hace 8 años, que es volver a la Primera División del fútbol chileno con Coquimbo Unido. 

Por mientras, está instalado en la casa de sus padres en el sector de Peñuelas junto a “La Feña” e Ignacia; su esposa e hija, respectivamente. Antes de comenzar a conversar sobre lo que ha sido su paso por el fútbol, Nicolás Crovetto se sirve un café y le pone endulzante. Se sienta, toma un sorbo y se pone de pie. Camina para bajarle el volumen al equipo de música del living de la casa, que sintonizaba la radio 103.3 FM.  Se vuelve a sentar y mientras se pone los lentes oscuros sobre la cabeza, dice que está listo para conversar.

El truncado salto a Europa

Recuerda que tras el torneo Esperanzas de Toulon de 2008, donde fue citado por Marcelo Bielsa para ser parte de la selección chilena sub 23 que terminó en el segundo lugar tras perder la final con Italia por 1-0, una persona se le acercó y le dijo: “Nico, te hemos estado siguiendo hace tiempo y nos gustaría que te fueses con nosotros al Reggina, junto con Carlos Carmona”. El solo hecho de jugar en la Primera División del fútbol italiano era uno de los mayores sueños que tenía el joven jugador de 22 años - en el 2008- puesto que siempre se ha sentido identificado con ese país, ya que sus antepasados provienen desde la bota europea.

En ese entonces, Nicolás pertenecía al Audax Italiano, por tanto, ellos eran los que tenían que arreglar el tema del traspaso. Al parecer, el Reggina se demoró más de lo habitual, y en el intertanto, apareció el Udinese, cuadro que realizó una oferta por 800 mil euros  por él.  Audax Italiano dio el vamos. El “Nico” firmó el finiquito con el club y se subió al avión que lo dejó en la tierra donde siempre soñó jugar, Italia.

Ahí se sumó al equipo donde también estaba Alexis Sánchez y Mauricio Isla, por lo que no le fue tan compleja la integración al plantel. Incluso, en la figura táctica que ocupaba el equipo, un 3-4-3, Crovetto era el hombre que jugaba por el sector izquierdo en el medio de la cancha, teniendo como delantero a Alexis Sánchez, Antonio Di Natale y Fabio Quagliarella, tres futbolistas de categoría mundial. 

Sin embargo, los papeles se demoraron más de la cuenta y eso provocó que no pudiese ser inscrito en la nómina oficial del Udinese para el primer tramo de la temporada 2008-2009. “Lamentablemente este tema se demoró mucho. Empezó el torneo y no me pudieron inscribir porque no llegaron los papeles”, comenta. Estuvo seis meses entrenando con el plantel, pero sin ritmo de competencia, que a la larga, es lo más importante en las grandes ligas. “Yo venía de jugar Copa Libertadores por Audax Italiano, venía de la sub 23 con Marcelo Bielsa, entonces estaba en un nivel bueno”, recuerda.

En paralelo, hubo otro hecho que aplastó emocionalmente a Crovetto. Junto con todo el lío de los papeles, se sumó que no se pudo hacer la venta del pase, porque Nicolás, tras firmar el finiquito con Audax Italiano, quedó como jugador libre ante la FIFA. Por tanto, el Udinese señaló que ellos no iban a pagarle al club chileno la cifra de los 800 mil euros porque el jugador estaba libre.

Por tanto, Crovetto al no tener un contrato, no tenía sueldo. Y además, al no efectuarse la venta, no recibió el 10% que le correspondía, que eran 80 mil euros, cercano a los sesenta millones de pesos chilenos actuales. “Fueron seis meses duros. Llegué joven, solo, sin sueldo y sin poder jugar. Con suerte tenía 200 lucas para vivir al mes, que era el ahorro de mi sueldo en Audax”, rememora con algo de impotencia. Pero él siguió entrenando al 100%, ilusionado con que este tema se iba a solucionar. Tenía que pasar el campeonato y luego, a fin de año, resolver el papeleo completo y empezar en orden, como correspondía.

A fines de 2008, el Udinese hizo una oferta por Fabían Orellana, que también venía de Audax Italiano. Ahí, llegaron los dirigentes del club chileno y aprovecharon de conversar con Nicolás durante la noche.


-“¿Cómo has estado Nico?”, le preguntaron.

“¡Mal po! Nadie me ha llamado para siquiera preguntarme cómo estoy. Llevo seis meses aquí matándome en los entrenamientos para poder jugar, aperrando, sin un peso, y luchando para que esta gente me siga queriendo”, contestó el jugador.

“Tranquilo, que esto se va a arreglar. Nosotros les vamos a poner una condición a los dirigentes del Udinese. Si quieren comprar a Fabián Orellana, van a tener que pagar los 800 mil euros por tu venta. De lo contrario, no vendemos a Orellana”, señalaron los dirigentes de Audax.

A la mañana siguiente, Nicolás se despierta, compra el diario y ve que en la portada salía: “Fabián Orellana es el nuevo refuerzo de Udinese”. Ahí, el Nico sintió un vacío en el pecho y cerró los ojos para pensar que esto no le podía estar pasando. Al instante llamó a Orellana - con la esperanza que esto haya sido una mala información- para preguntarle si acaso era cierto lo que vio en el periódico. “Es verdad Nico. Estoy feliz. ¡Ya firmé el contrato!”. 
Tras esa respuesta, Nicolás volvió a marcar su celular, pero esta vez, a los dirigentes de Audax para exigir explicaciones.  “Pucha Nicolás, estos tipos están tercos con tu caso y se nos complicó más de la cuenta. Además que la venta de Fabián era muy buena… Yo creo que lo mejor es que te devuelvas con nosotros a Chile”, le dijeron.

“Era para no creerlo. Después de todo el tiempo invertido, de todas las ilusiones de estar en la Serie A, rompiéndome el lomo para ser considerado, para que de la noche a la mañana me digan que me tengo que devolver sin pan ni pedazo...”, señaló enérgicamente Crovetto.
Y por si fuera poco, a fin de año, los dirigentes del Udinese despidieron al entrenador por malos resultados, y finalmente, el técnico nuevo no consideró a Crovetto para la siguiente temporada. Este fue el último mazazo que lo dejó en el piso. La frustración y desilusión no podía crecer más en el corazón del coquimbano.

De Corvetto a Crovetto 

Durante estos enredados seis meses, hubo otra situación por la cual Nicolás tuvo que tramitar. Su apellido Corvetto no figuraba en sus raíces familiares de Italia, por ende, su pase no podía pertenecer como un jugador comunitario, sino que como un extranjero. Y claro, había una explicación.
Los bisabuelos del jugador nacieron en Italia en una época que aún no existía el registro civil. En ese entonces, la gente se inscribía en las iglesias. Según los rumores de la familia Corvetto Aqueveque, sus raíces venían de un pueblo cercano a Génova.

“Nico, yo trabajo con un exjugador que es de Génova y le puedo pedir que se vaya a meter a las iglesias a buscar los registros de tus bisabuelos”, le dijo su representante.  Crovetto agradeció el gesto de su asesor y lo aceptó. 

Días después, el colaborador del representante tenía información curiosa. “Fíjate que esta persona llegó a una iglesia y habló con el cura. Le contó toda la situación y el curo lo llevó a un estudio añejo, donde habían miles de libros, ordenados por fecha, donde la gente se inscribió. Luego de estar horas revisando los documentos, encontró a una persona de apellido Crovetto, que luego se había ido a Chile.”, comenta Nicolás. 

Y supuestamente, los bisabuelos de Nicolás arrancaron de Italia por la Segunda Guerra Mundial y llegaron en barco a Iquique. “Nosotros creemos que cuando ellos llegaron al puerto de Iquique, se inscribieron con la persona que les preguntaba los nombres, y mi bisabuelo dijo su apellido Crovetto y la persona habrá entendido Corvetto y así quedó”, explica. Se cambió el apellido y ahí pudo obtener el pase comunitario. En 2009 se fue al Albacete de España para jugar en la Segunda División.

Pero se toma el tema con humor y confiesa que siempre se ha sentido identificado con el apellido Corvetto. “Me he tratado de acostumbrar ahora. Es más, mis amigos más nuevos del fútbol me dicen “Crove”, pero es raro. Mi apellido siempre fue Corvetto. Cuando termine de jugar y para evitar confusiones, pienso en volver a mi apellido normal”. 

Aspiraciones en Coquimbo Unido

Tomó la decisión de regresar porque está convencido que van a pelear el torneo. “Quiero estar acá para aportar. Es mi sueño personal y el de todos los coquimbanos el subir”, advierte. A pesar que solo hay un cupo para ascender, cree que tienen las capacidades para luchar por ello y que el plantel que hay, está para situarse en los primeros lugares de la tabla. “Los dirigentes empezaron a contratar bien. Han traído a jugadores que tienen la categoría para llevar al club donde se merece. Para mí, Coquimbo es un equipo que debe estar en primera por su gente, por la ciudad, por el estadio, por la institución, por todo”, repasa.

Se siente con la confianza suficiente para aprovechar la oportunidad que le dé el técnico, para mostrar en la cancha el por qué regresó a su revancha personal con el fútbol y con su club. “Estoy a disposición del cuerpo técnico para que cuando llegue la oportunidad de jugar algunos minutos, demostrar para lo que estoy. Por mi cuenta me entrené con un preparador físico, y ahora me he sumado de buena forma a los entrenamientos. El ritmo de los partidos los adquiriré a medida que vaya sumando minutos, pero estoy con todo para partir desde el arranque”.

No le pide nada a los hinchas, porque siempre muestran su apoyo, incluso en los momentos más difíciles cuando estuvieron a dos puntos de descender a la Tercera División del fútbol chileno, durante el primer semestre, hubo más de seis mil personas en las tribunas. Cree que eso fue un factor muy importante para haber logrado salvar la categoría. “Creo que este año somos nosotros, los jugadores, los que les tenemos que dar una alegría a los hinchas”.

Cuando ya acababa la conversación, llegó el momento de sacar la fotografía correspondiente para que acompañase la nota. En eso, Nicolás se dirige al salón principal de la casa de sus padres, donde hay una mesa de pool, un proyector con un telón blanco de fondo, donde ven películas y los partidos de fútbol. Nicolás se instala bajo una fotografía del plantel 2005 que disputó la final del Torneo de Apertura contra Unión Española. Ahí, posa para el fotógrafo, y entre risas comenta, “espero que la próxima foto sea con el plantel actual cuando hayamos ganado el ascenso”.

 

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