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El tenista chileno comenzó el año en la posición 113 de la ATP y hace un par de semanas había trepado hasta el 39, su mejor ránking, y es el tercer mejor latinoamericano del circuito por detrás de los argentinos Juan Martín del Potro y Diego Schwuartzman.

El tenista chileno Nicolás Jarry está cerrando un 2018 de ensueño, un año en el que se afianzó en el circuito ATP, ganó por primera vez un partido de Grand Slam y superó a dos rivales del 'top 10', hitos que lo han hecho avanzar hasta el puesto 43 del ránking mundial.

"Terminar entre los 50 primeros del mundo ha sido increíble. Ha sido una montaña rusa de emociones este año, fueron todas primeras experiencias", señala Jarry, de 23 años.

Este año entró por primera vez al cuadro principal de un Grand Slam en el Abierto de Australia. Unos meses más tarde, en Wimbledon, logró su primer triunfo en uno de los cuatro 'grandes' de la temporada y en el Abierto de Brasil alcanzó su primera final de un torneo ATP, pero perdió ante el italiano Fabio Fognini.

"Terminar entre los 50 primeros del mundo ha sido increíble. Ha sido una montaña rusa de emociones”, Nico Jarry

Jarry comenzó el año en la posición 113 de la ATP y hace un par de semanas había trepado hasta el 39, su mejor ránking, y es el tercer mejor latinoamericano del circuito por detrás de los argentinos Juan Martín del Potro y Diego Schwuartzman.

El chileno explica que a comienzos de 2018 su objetivo era mantenerse dentro de los cien primeros, algo que no logran todos los tenistas el año de su debut en el circuito ATP.

"Después dije: 'tratemos de llegar al top 50' y lo logré. Estoy mucho más motivado para seguir y ponerme metas un poco más difíciles", afirma Jarry, quien reconoce que anhela meterse entre los diez primeros del ránking, pero sin prisas.

Quienes no conocen a Nicolás Jarry quizás lo vieron en televisión y en la prensa el pasado 9 de octubre, cuando derrotó al croata Marin Cilic, entonces sexto de la ATP, en la tercera ronda del Masters 1.000 de Shanghái.

El chileno salvó dos puntos de partido para Cilic y lo fulminó con quince puntos de saque directo para obtener un triunfo para la historia.

"Los chilenos han tenido la suerte de tener jugadores muy buenos y creen que ser el 50 o 100 de la ATP es normal. En mi opinión, yo ya era el recambio desde hace mucho tiempo y para el resto de personas lo fui este año cuando logré estar en un lugar del ránking increíble", Nicolás Jarry, tenista chileno

Jarry recuerda con emoción esa jornada, pero considera que su mejor partido fue el que ganó ante el austríaco Dominic Thiem, que venía de ser finalista en Roland Garros y era octavo en el ránking, en el ATP de Hamburgo a fines de julio pasado.

"Después de Rafael Nadal, Thiem es el mejor en arcilla. Fue la victoria más importante del año", dice con convicción, aunque admite que no tuvo tanta resonancia por tratarse de un torneo de menos envergadura que el de Shanghái.

Jarry se ha convertido en la gran esperanza del tenis chileno después de una larga travesía por el desierto. Marcelo Ríos -el único chileno que ha llegado el número uno del ránking ATP-, Fernando González y Nicolás Massú se retiraron hace algunos años y dejaron un vacío que ha tardado en llenarse.

La necesidad del "recambio" acaparó el debate y la prensa local se lanzó a la búsqueda desesperada de la nueva joya del tenis chileno, pero no hubo suerte.

Jarry, que en esa época era un prometedor tenista en las categorías inferiores, afirma convencido que él siempre formó parte del ansiado recambio, aunque muchas personas solo lo han aceptado este último tiempo, cuando lo han visto en la élite del tenis mundial.

"Los chilenos han tenido la suerte de tener jugadores muy buenos y creen que ser el 50 o 100 de la ATP es normal. En mi opinión, yo ya era el recambio desde hace mucho tiempo y para el resto de personas lo fui este año cuando logré estar en un lugar del ránking increíble", apunta.

Nicolás Jarry es nieto de Jaime Fillol, una leyenda chilena de la raqueta de los años setenta, y eso ha marcado su trayectoria desde que era un niño.

Cuenta Jarry que su abuelo siempre lo animaba a jugar al ataque para aprovechar su potencia y estatura (mide 1,98 metros), aunque sus mejores consejos trascendían la cancha de tenis.

"Me decía que utilizara el tenis como una herramienta y que no sea todo. Me ayudó a entender que cuando crees que perder un partido es lo peor, en realidad no es nada", rememora.

 

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