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Efe
El país asiático pretende que el precio de venta al público se fije en función de los costes de producción, en total sintonía con la OMS.

China aspira a convertirse en el primer país del mundo que produzca una vacuna a gran escala contra la COVID-19, para lo cual cuenta con media docena de países en vías desarrollo, entre ellos varios latinoamericanos, que participan en la fase final de ensayos clínicos de tres candidatos a antídoto.

De las 26 vacunas que se encuentran en fase de ensayos según la lista de más de 170 candidatas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), tres chinas se encuentran ahora en la tercera y última etapa de pruebas con la esperanza de llegar primera en la carrera por la vacuna y demostrar así su capacidad científica.

Expertos consultados por Efe creen que China no busca sacar rédito económico, y que al gigante asiático le pesa mucho más el prestigio que otorgaría para reivindicarse como potencia e impulsar su 'poder blando', especialmente entre los países emergentes.

Proveedor masivo

China, proveedor masivo de equipos y componentes médicos en todo el mundo, ya lo intentó con la llamada "diplomacia de mascarillas" con el objetivo de "limpiar su imagen" tras ser acusada de ocultar el brote en sus inicios, y ahora busca "dar otro salto", comenta a Efe el politólogo Joseph Cheng de la Universidad de Hong Kong.

"China podría ser la primera, en vista de los recursos que ha invertido y de las pruebas que está realizando. Creo que será generosa con los países en vías de desarrollo porque tiene beneficios políticos en mente", argumenta.

El profesor español Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China, opina a Efe que "China está a día de hoy entre los primeros países en lograr la vacuna. Esto demuestra el incremento exponencial de sus capacidades científicas, poniéndose a la par de los países más avanzados del mundo también en ese orden".

"Ofrecerla como un bien público global reforzará el relato chino entre un numeroso grupo de países en cuya retina quedará su solidaridad frente a la pasividad de los países desarrollados. Para China es muy importante mostrar que su nacionalismo es cooperativo en contraste al excluyente de su principal rival estratégico, Estados Unidos", agrega.

Cheng cree que "los líderes chinos quieren competir de tú a tú por el liderazgo global, y el aislamiento de Washington al fin le ha dado la oportunidad para marcar el paso".

China pretende que su precio de venta al público se fije en función de los costes de producción, en total sintonía con la OMS, que ha alertado del surgimiento de un "nacionalismo de vacunas" en la carrera para hallar un remedio, además de abogar por "evitar la especulación" y "garantizar su acceso en los países en desarrollo".

 

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