Crédito fotografía: 
Captura de Pantalla/ Telemundo
El pasado martes 24 de agosto las hermanas de dos y ocho años fueron abandonadas a su suerte en La Joya, Texas. En la frontera que Estados Unidos comparte con Reynosa, México.

Abrazarse, llorando, en suelo estadounidense es el sentimiento agridulce para dos hermanas salvadoreñas. Lo hacen por primera vez, luego de dos semanas de una experiencia de vida que no pidieron, pero que debieron experimentar a su corta edad: 2 y 8 años.

La mayor de ellas es quien proyecta la mayor parte de las emociones, en las formas de expresión posible. Del llanto, pasó a la explicación de haber viajado con un traficante de personas (“Coyote”) rumbo al sueño americano.

Un reportero de la cadena Telemundo recibió las coordenadas del arribo de Génesis (8 años) y su hermana, Susana (2 años). Lo que se escucha de viva voz de la mayor de las niñas, deja desolado a cualquiera que sepa que un niño o niña debe protegerse a toda costa.

“Nosotros, cuando nos dejaron tiradas, ya no hicimos, no aguantábamos con hambre y sed”, relata Génesis. El pasado martes 24 de agosto fueron abandonadas a su suerte en La Joya, Texas. En la frontera que Estados Unidos comparte con Reynosa, México.

En las imágenes que ilustran la nota periodística, Génesis aparece la mayor parte del tiempo llorando, conmocionada por la experiencia, por la presencia de las cámaras y de los agentes de la Patrulla Fronteriza, listos a proceder en un caso más, de los miles en los que se ven involucrados niños, niñas y adolescentes que son inmigrantes ilegales, a pesar de su poca experiencia de vida.

La niña se calmaba a ratos, pero cuando la reciente vivencia la asaltaba en su memoria, volvía el relato con desconsolado llanto.

“Nosotras nos quedamos ahí solas, y nosotras ya no podíamos caminar”. Contarle a extraños su experiencia, fue parte del trauma de una niñez migrante, engrosando las estadísticas del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas).

“Mi mamá me manda a traer”

¿Cómo darse cuenta en una frontera gigantesca que dos niñas estaban solas, a su suerte?

Ocurrió cuando otro migrante, con una hija en brazos, se percató de la presencia conmocionada de Génesis y su hermanita. Juan David, un hombre de aproximadamente 30 años, relató el impacto que le causó ver a ambas infantes en evidente estado de shock.

“Venían despacio y se venían quedando atrás. Yo pregunté: ¿De quién son?

‘No, vienen solas’, me dicen. Las dejaron ahí y yo las empecé a ayudar. Les di agua porque se venían ahogando, llorando”.

Un extraño las había abandonado, pero otro, migrante, como ellas, las asistió en momentos de sumo pesar.

Para que las hermanitas viajaran solas, hay detrás un adulto que tuvo que pagar el viaje, el cual puede costar entre los 2.000 y 12.000 dólares (casi 10 millones de pesos chilenos) por persona, dependiendo de la zona centroamericana de la que procedan.

“Mi mamá me manda a traer”, sostuvo Génesis, antes de ponerse a llorar, de nuevo.

Crédito fotografía: Telemundo 

El reportero, quien habló con el hombre que ayudó a las niñas y al que bautizó como “Buen samaritano”, vio a la mayor de ellas con un libreta. En una de las páginas, estaba el número de la mamá de Génesis y Susana.

Marcaron el número, con el móvil del comunicador, y hubo respuesta a una videollamada:

– Reportero: ¿Conoces a estas niñas?

– Madre de Génesis: Sí, son mis niñas… Sean valientes, mi amor.

– Génesis: Mami, yo quiero estar con vos, mami.

– Madre de Génesis: No tengan miedo, mi cielo.

En medio del momento agridulce de estar tan lejos y a la vez tan cerca de su mamá, la primogénita de Karina (madre de ambas niñas) le contó lo más traumático de lo que habían vivido, desde que partieron de El Salvador el pasado 10 de agosto.

“Unos muchachos nos regalaron agua. Nos regalaron dos botellas a nosotros… Con la sed toda el agua nos tomamos con mi hermanita”. La madre, estaba atenta a cada palabra de la niña. “No tengas miedo cielo, aquí está tu mami”, le decía.

El reportero intervino y le dijo a Karina: “Tus niñas andaban solas caminando en el monte”. Sin embargo, antes que ella pudiera contestar, Génesis volvió a romper en llanto, como justificándose, para decirle: “Mami, nosotros nos perdimos… Ya no hayábamos qué hacer, mami”. Como si de ella fuera la responsabilidad de llegar a otro país.

Impacto psicológico para Génesis, Susana y los niños migrantes

BioBioChile se puso en contacto con la psicóloga, docente y Directora de la Carrera de Pedagogía en Educación Básica Universidad de Las Américas, Paula Fuentes, a quien se realizó una breve pero importante entrevista sobre el impacto psicológico para las hermanas salvadoreñas migrantes y otro innumerable grupo de niños, niñas y adolescentes que han atravesado esta situación.

A continuación, el análisis de la profesional de la salud mental, que debe ser leído y aplicado en sociedades como la nuestra, donde la migración venezolana y haitiana, entre otras, nos lleva a pensar que, lo que ocurre entre la frontera de EEUU, México y los países centroamericanos, ya dejó de ser un tema exclusivo de esas latitudes.

¿Cuál es el impacto que puede causar en un niño o niña (de 8 y 2 años, en este caso) la experiencia de ser abandonados a su suerte en una frontera de otro país?

Las experiencias traumáticas, sobre todo en estas circunstancias, dejan heridas profundas e imborrables, que pueden volverse constitutivas de la vida emocional e identitaria del niño y/o niña que las experimenta. Sentimientos y emociones como: angustia, miedo, desamparo y/o abandono, acompañarán a estas niñas, por un largo período y el impacto a su salud mental, claramente será negativo. La ayuda profesional será fundamental y urgente para paliar los efectos nocivos que este evento traumático dejará en su memoria emocional.

A juzgar por la forma en la que protege a su hermanita: ¿se sentirá responsable la niña mayor?

Claramente que niños, niñas y adolescentes, carguen sobre sus espaldas con la responsabilidad del cuidado de sus hermanos menores son impropias para su edad. Sin embargo, en situaciones extremas como la vivida por las niñas, prima el instinto de supervivencia. El miedo es una emoción de varios matices, que puede gatillar una respuesta de bloqueo o de huida, en esta situación favorablemente en la hermana mayor se gatilló como un mecanismo de defensa que le permitió sobrellevar la experiencia y proteger a su hermanita de lo amenazante de la situación.

¿Se debe condenar a una madre por ponerlas en riesgo? ¿Qué debe hacer la sociedad vs cómo actúa en realidad , sobre todo en redes sociales? Como contexto, El Salvador es un país pobre, sumido en la delincuencia y los bajos salarios. Dos millones de salvadoreños se han ido y viven en Estados Unidos buscando el sueño americano.

La negligencia parental constituye una vulneración de derechos, por lo que se configura como un acto de violencia infantil. Aun así, condenar a la madre, no le corresponde a la opinión pública, para ello hay organismos gubernamentales que deben velar por la protección de las niñas y castigar a quienes corresponda. Frente a estas situaciones, que, sin duda, seguirán ocurriendo, el foco debe estar en generar políticas públicas, que permitan una migración segura, regular y responsable, sobre todo para que ningún otro niño o niña deba sufrir las consecuencias psicológicas y sociales que traen este tipo de prácticas ilegales. Sin lugar a dudas, la migración es otra de las asignaturas pendientes que como sociedad debemos atender.

¿Qué debe hacerse con las niñas una vez pase su conmoción? ¿Se recuperarán de semejante trauma, con ayuda psicológica?

Todos los niños y niñas necesitan de figuras significativas que les proporcionen seguridad y amor. Pero si estos han sufrido traumas, tan grave como el descrito con estas hermanitas salvadoreñas, pueden necesitarlo aún más. Por ello, la contención, el apoyo y el restablecimiento de las confianzas serán hitos importantes para un desarrollo emocional sano y equilibrado.

Los niños tienen la increíble capacidad de adaptarse a las circunstancias que la vida les presenta, sin embargo, es difícil pronosticar si estás niñas lo lograrán, ya que todos los seres humanos reaccionamos de forma distinta. Por ello, brindarles los recursos emocionales, sociales y cognitivos para lograr su pleno desarrollo, debe ser la prioridad. Por otro lado, debemos considerar que la familia, que permitió que las niñas pasarán por esta experiencia, por las razones que sean, también necesita ayuda, así que el apoyo psicológico debe ser con enfoque sistémico, que le permita a todos los miembros de esa familia resignificar sus roles, volver a confiar y sentar las bases para un nuevo comienzo.

El anterior, es un análisis que se sostiene en el tiempo y en la aplicación de la estrategia psicológica para ayudarlas a superar lo vivido. No obstante, la parte legal es otro predicamento en la vida de estas y otras niñas y niños quienes, si bien han podido llegar a la frontera y reunirse con sus padres, hoy, corren el riesgo de ser deportados con o sin ellos, si es que es estos últimos tienen sus documentos en regla.

La responsabilidad de Génesis, pese su dolorosa experiencia, no decayó. Aún y cuando los agentes fronterizos las debían trasladar a sus oficinas, siempre se hizo cargo de su hermanita, Susana.

Ahora, esperan reunirse con su madre donde deberán enfrentarse a otro calvario: saber si podrán quedarse o no en Estados Unidos.

 

 

 

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