Recuerdo una entrevista a Sergio Onofre Jarpa a mediados de los años 80, cuando -no sé en qué circunstancias exactas- señaló que los ministros eran “los tapones del régimen”. Se puede interpretar como las personas que impiden pasar más arriba, que protegen al gobernante, una suerte de moneda de cambio frente a casi lo único intransable en un sistema como el chileno, cual es la continuidad presidencial.
En nuestra historia hubo momentos como el parlamentarismo (1891-1925)en que se llegó a hablar de “rotativas ministeriales”, cuando cada gobierno cambiaba diez o quince veces sus gabinetes. Después de la restauración democrática de 1932 existió mayor estabilidad, aunque el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo (1952-1958) experimentó el mismo problema, cuestión que afectaría también a Salvador Allende (1970-1973), en un contexto de crisis institucional. Después de 1990 hemos tenido una gran continuidad, especialmente en las dos carteras consideradas como las más importantes: Interior y Hacienda. 
En estos ámbitos, los presidentes Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos y Sebastián Piñera tuvieron una estabilidad notable, que contrasta con los cambios que se han producido en este segundo gobierno de la presidenta Michelle Bachelet (también en el Ministerio del Interior de su primera administración). El 2014 comenzó gobernando con Alberto Arenas en Hacienda y Rodrigo Peñailillo en Interior, dos de sus hombres de mayor confianza, pero que apenas superaron un año en sus respectivos cargos. 
Curiosamente, el ministro del Interior Jorge Burgos (DC) no logró cumplir las expectativas de la Presidenta y esta semana fue reemplazado por Mario Fernández, también falangista y hombre de destacada trayectoria. En el caso de Hacienda, el ministro Rodrigo Valdés tampoco ha logrado detener la caída económica, en la cual se aprecian números al alza en cesantía, mientras evolucionan a la baja la inversión y el crecimiento económico. En cualquier caso, no se advierte todavía un cambio hacia el futuro cercano.
Es hora de pensar una cuestión más de fondo: si los ministros son los tapones, no se puede ocultar que las modificaciones sucesivas en el gabinete -sin resultados positivos- tal vez nos estén mostrando un problema más de fondo. Sería bueno enfrentarlo desde ya, de lo contrario veremos nuevos cambios, seguramente con los mismos efectos.