Hace muchos años atrás, en una ciudad de Chile donde aún llueve , tuve que salir huyendo con mi vehículo de una inundación causada por  el desborde  de un conocido caudal de agua que la cruza , y al tratar de atravesar una calle con el objeto de llegar a la siguiente, donde de lejos se veía que el agua no llegaba; los que iban por la vía que pretendía cruzar simplemente no me dejaron pasar, y entre bocinazos, insultos y amagues de topones, debí tomar obligadamente tomar el mismo camino que ellos.

Sin embargo, lo más extraño y absurdo del caso, es que mirando hacia adelante por dicha vía, se veía que  unas dos o tres cuadras más adelante el agua iba aumentando de nivel, y los vehículos se iban sumergiendo a medida que avanzaban, hasta quedar con el agua literalmente hasta el techo

No obstante ello, la columna de vehículos, formada también en  parte por microbuses de locomoción colectiva, aún viendo esa situación seguía avanzando inexorablemente obligando a todo el resto, entre gritos y bocinazos,  a seguir ese camino ya con el agua a mitad del auto.

Eran como una especie de modernos émulos humanos, de los roedores seguidores del Flautista de Hamelin.

Ante tan desesperada, demencial  y  casi surrealista situación, logré irme corriendo hacia la vereda, y a la primera entrada de vehículos que encontré me desvié bruscamente  y aceleré, entre los insultos de los conductores circundantes, pero con tan buena suerte que quedé dentro de una galería comercial, donde el agua sólo me llegaba a media rueda, y allí me quedé varias horas … hasta que las aguas bajaron.

Uds. se preguntarán porqué estoy contando esta historia … ?

Porque cuando nos encontramos en una situación extrema como aquella,  y los que tienen la posibilidad de evitarlo no hacen nada eficaz para ello, sino por el contrario, insisten ciega y porfiadamente en el camino equivocado  - vamos por una senda peligrosa - donde como ya se ha hecho  habitual en nuestro país,  sólo queda el antiguo “sálvese quien pueda”, siempre que esta vez tengamos la suerte de encontrar el desvío adecuado …

Nunca será demasiado tarde para tomar el camino correcto … pero cuidado, puede que si pasa mucho tiempo ya no sirva de nada …

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