El Servicio Electoral (Servel)  publicó el listado de los candidatos a Concejal por La Serena que se medirán en las elecciones municipales de Octubre próximo. Los postulantes son 84 para los 10 cupos en el Concejo.A juicio de muchos este hecho es inexplicable. En momentos en que la ciudadanía repudia el quehacer político y los que lo ejercen sufren el mayor descrédito del que haya memoria en la historia del país, pretender un cargo de representación ciudadana parecería descabellado.El chileno común lleva en los genes la desconfianza y se pregunta el porqué de  tanto interés.¿La remuneración es muy buena? No, es algo más que el sueldo mínimo.¿Ofrece privilegios especiales? No, puesto que el concejal está sujeto  al cumplimiento legal como cualquier ciudadano.¿Goza de casa o vehículo  fiscal? No, ni lo uno ni lo otro.¿Sus campañas electorales están jugosamente financiadas? No, ya que la actual Ley Electoral es muy restrictiva y exige transparencia y límites en los aportes de terceros y, obviamente, prohíbe que empresas y/o personas jurídicas puedan colaborar monetariamente. Cada candidato debe financiarse con aportes propios, de su familia o amigos y en una escuálida parte de su respectivo Partido.Los más entendidos dirán que el Estado devuelve los gastos con un monto fijo por cada voto obtenido, pero si nos remontamos a la primera mayoría de Concejal en la última elección, esa devolución no alcanzó a los cinco millones de pesos.¿Cómo se explica entonces tamaño interés? Es, sencillamente, por las ganas de representar a los ciudadanos de la respectiva comuna para trabajar en pos de una mejor calidad de vida de todos.Sin duda, la naturaleza humana indica que algunos persiguen intereses menos nobles y que buscan beneficios personales o solo afán de figurar para alimentar un ego desabastecido pero, en mi opinión, esos son los menos.La enorme mayoría de los 84 candidatos, seguramente, representan la gran reserva moral de este país y de esta ciudad tan querida, que, porfiadamente, enfrenta la corrupción de algunos pocos con la fe inquebrantable  de buscar el bien común. 

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