una hermandad familiar, parientes cercanos, prodiga moraleja no humana para humanos en la región de los valles. Cuando con pasitos lentos y mirada suplicante más de algún pariente pobre de nacimiento se acerca sin decir nada. Donde el  juego del mono mayor no hace gracia al hermano menor. Yo tenía diez perritos… La cercanía o proximidad con el prójimo logra milagros de afecto y sumisión.  Muy cerca del amor y la ternura evitan la maldad. Hay vínculos de entendimiento y tolerancia que perduran a través del tiempo. Son unos para el otro. La comunicación interpersonal…  no necesita palabras. Ya sin Vacaciones de Invierno, cientos de mascotas – gatos, perros y otros -  retoman la comunicación no exenta de Telepatía y otros mensajes. Hay Tricahues voladores.Cantan y cuentan en el  cancionero mexicano que: “Siete Leguas” era el caballo que Villa más estimaba. Y ¿saben por qué? Hum. (Eduardo Seco, escultor local, tiene su caballo favorito – en la Aldea Elquina - con una cita del autor de este artículo costumbrista). Y la respuesta no tarda; la “gracia” del equino de Pancho Villa era que “cuando oía silbar los trenes: ¡¡`Se paraba y relinchaba!!” Pero, habíamos quedado con los pasitos lentos y la mirada suplicante. (Al buen entendedor pocas palabras) y de este modo los lectores de Diario El Día en Chile y DIARIO DE CUYO en Argentina, algo saben de equinos tales como: La Calandria que sólo laboraba hasta el toque de la campana al mediodía; Blancuzco que se escapó de Diaguitas para regresar al lugar de su nacencia: Quebrada de Paihuano y  “Cariblanco” un caballo imaginario con los colores del Río Claro y Río Turbio.  Finalmente, el recién llegado pasó de largo entre la puerta de entrada y la de salida para el huerto familiar. Los abuelos siguieron tomando mate y el niño dibujando en la ceniza, -“¡ Me lo vengo a llevar- dijo un vecino de tres cerros más arriba – lo sentí rebuznar… es muy desafinado! Humm. 

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