Desde que nacemos las personas suelen ponernos rótulos que son muy difíciles de erradicar en el tiempo,  ya que ellos nacen de nuestro aspecto físico, del comportamiento, de la  forma de exteriorizar nuestra emocionalidad, de nuestra capacidad cognitiva, de nuestro lenguaje kinésico, proxémico,  desde las familias que provenimos, en fin, de todo un mundo lingüístico interpretativo que tiene adjetivos para todo y para todos.

El poder generador del lenguaje es tan fuerte que podría cambiar para siempre la vida de un niño o niña , ya que podría convertirlo en lo que los demás opinan de él , negándole para siempre la oportunidad de que pueda convertirse en otro tipo de  persona, y esto puede ser en negativo o en positivo, ya que cuando ponemos sobre las espaldas de un niño que es un “excelente alumno”, por ejemplo , le estamos generando niveles altos de ansiedad para  conservar ese estatus,  y  más de algún trastorno lo podría  tomar por sorpresa en la adolescencia,   pudiendo  gatillar  la total negación de   lo  que los demás esperan de él. Desde mi experiencia como docente, también lo hice, y hoy desde mi experiencia de psicólogo, me ha tocado atender pacientes seriamente dañados porque fueron etiquetados a muy temprana edad, y esto marcó su vida entera. “Es flojo, es mentiroso, es desordenado, es egoísta, es gorda,  es tonto….”pocas veces escuchamos fortalecer la autoestima y el autoconcepto de un niño destacando  las  características positivas de su personalidad. Si a esto le sumamos los sobrenombres que tienen una connotación devastadora,  sobretodo,  cuando éstos aluden a defectos físicos que no se pueden modificar.

El sábado pasado tuve la oportunidad de asistir al Nacional de basketball que se disputó en la ciudad de San Felipe, y pude constatar la destreza y la habilidad del equipo que representa  a La Serena, comandado  profesionalmente y  humanamente por el profesor Juan Herrera (JANI), en él juega mi sobrino Pablo Villegas  y sus dos grandes amigos , Ignacio Urra y Tomás Valera, los tres dueños de una disciplina sorprendente,  unidos por la pasión que sienten por este deporte que obliga a la inteligencia y al desarrollo de múltiples habilidades. Ellos deben sortear largos e intensos entrenamientos, no importando los días ni las horas, en esta práctica   han encontrado un  espacio para canalizar la desbordante energía que poseen y que no todos logran entender.

Pablo, Ignacio, Tomás,  han dado lo mejor de ustedes durante todo este  tiempo, son  un  ejemplo de compromiso, cuentan con el apoyo irrestricto de sus padres y   de todos quienes los conocen y los aman…

¡Felicitaciones a todo el equipo  por la  perseverancia!

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