Hace exactamente 125 años, en estos mismos días, Chile vivía horas de angustia y división. Después de ocho meses de guerra civil, se acercaba la última gran batalla, en Placilla. Días antes se había producido el enfrentamiento en Concón, donde las tropas gobiernistas fueron derrotadas, como lo serían también en la jornada del 28 de agosto. Tras ello, el presidente José Manuel Balmaceda se asiló en la legación argentina en Chile, donde se suicidó el 19 de septiembre.Recordar la Guerra Civil de 1891 es un deber. Estudiarla con atención vale la pena. Intentar comprenderla resulta no sólo necesario, sino que también conveniente desde una perspectiva cívica. Chile, que se jactaba de ser una excepción en el concierto hispanoamericano por la estabilidad de su régimen político y la primacía del gobierno civil, pasó a resolver por la violencia, con miles de muertos en los campos de batalla, lo que fue incapaz de solucionar por las vías de la política y el derecho.Hay dos elementos para tener en cuenta, especialmente, cuando hablamos de 1891. El primero es la dinámica del odio político -la prensa lo registró con cruda transparencia-, que llevó a considerar a los adversarios políticos como enemigos, a quienes había que eliminar si era necesario. Lo segundo es la participación de los militares en la definición del conflicto, primero a través de la politización del Ejército, cuando sus miembros fueron llamados a ser parte de los gabinetes o ingresaron al juego partidista; a lo que se sumó después la militarización de la política, cuando las autoridades del gobierno y el Congreso llamaron al Ejército y la Marina a sumarse a sus posturas, para resolver el conflicto en su favor con el apoyo de las armas.El levantamiento de la Armada a comienzos de 1891 y la instauración de la dictadura por parte de Balmaceda fueron la amarga culminación de un proceso de deterioro de la vida institucional y de la convivencia pacífica. Las batallas sangrientas, las cárceles, los asesinatos y saqueos dieron más dramatismo a los hechos y mayor vergüenza al país. Curiosamente, a los pocos años después de finalizada la guerra, se verificó la reconciliación política en Chile, otro capítulo que requiere mayor estudio y comprensión desde el presente.