Un navegante cercano, marino de agua tranquila, sugiere versos nerudianos para amores contrariados en la lonja ribereña. Cuando tal como un moais pascuense custodiaba la entrada al callejón de los duendes. Donde la cazuela lugareña, por unos días, se cambió por la sopa marinera, sin aliños. Desde el fondo de ti... El 8 de junio de 1948, en la tarde se abrió el acceso al cebollín donde se velaba al viejo Hilario Molina. Tal vez, por pura coincidencia, abajo, en la entrada del Callejón de los Duendes, un hombre joven, macizo y mirada escrutadora parecía tomar nota de los numerosos vecinos que portaban coronas floridas. Luego se hizo la noche y antes de la salida del sol ya el corrillo de veladores tenía una configuración del extraño solitario. Caso curioso: un marinero con penas de amor. Hum. Pasaban y pasaban los días y el moais humano no hablaba y sólo permanecía con los ojos bien abiertos. La duda viene mutilarte; la verdad, estimulante. Recordemos al poeta:  Neruda, dice: “Desde el fondo de ti y arrodillado, / un niño triste, como yo, nos mira. / Por esa vida que arderá en sus venas / tendrían que amarrarse nuestras vidas. / Por esas manos / hijas de tus manos / tendrían que matar las manos mìas. / Por sus ojos abiertos en la tierra / verè en los tuyos lágrimas un día. / Y, no lo quiero, amada. / Para que nada nos amarre / que no nos una nada. / Ni la palabra que aromó tu boca / ni lo que no dijeron las palabras.  / Ni la “Fiesta de amor” que no tuvimos / ni tus sollozos junto a la ventana. / (Amo el amor de los marineros / que besan y se van; / Dejan una promesa. / No vuelven nunca más (...) Una noche se acuestan con  la muerte / en el lecho del mar)”. “Farewell”, fragmento, según María Romero en “Poesía Universal”, Chile, 1957.Algo ocurrió en el ánimo del curioso visitante. Probablemente el afecto y la dieta proporcionada por doña Carmela motivó el cambio. Luego, muy de mañana, vestido con su uniforme de marinero, se embarcó en el tren elquino rumbo al puerto de sus amores. ¡Vale!  

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