Una manga anunciada, ñusta diaguita, vaciaba cántaros para navegantes de la costa, ribereños de los valles y emprendedores en la serranía. Cuando el aire prístino de los terrales y zondas no alteraban su siesta precordillerana. Donde el esfuerzo o ñeque de autoridades y vecindario anticipa acciones preventivas. Después de un día lluvioso…“Colador”, según el diccionario Volcán en su apartado sobre los americanismos. La tradición regional – Folclore – conserva dichos y refranes en torno a las mangas: - ¡Hum, quedó como chipipi! Se dice del temerario que sale desabrigado ante las inclemencias del tiempo. (Si se trata de un colador, tal como dice el diccionario: con una nube pasajera, basta).  Ante tales apreciaciones vale una asociación libre con una ñusta local:-“¡Llueve a cántaros!”, diría. Mientras los vientos tradicionales, al parecer, duermen siesta otoñal los nubarrones repletos de agua hicieron su tarea: Frente de mal tiempo. Así, sin impedimentos naturales el agua fluyó con rezagos breves durante  los días previstos en la meteorología y la memoria colectiva. Los elquinos de ayer y hoy, lo recuerdan  desde 1888, 1957 y 2015. Pero, habíamos quedado en atenuar consecuencias graves y mejorar todo lo posible ¡La Vida fue y es la primera opción! De la mañana a la noche subían los milímetros de agua caída superando en un par de días al llamado año normal. El paso de quebradas y riachuelos con poca agua suele sorprender con sus crecidas repentinas, Pedro Moral en su libro “Moral Quemada” recordaba haberse salvado por milagro en Ovalle. El esfuerzo conjunto ha fijado acciones y nombres en este temporal histórico con la cautela benevolente de una ñusta imaginaria y esa manga tan larga como la franja territorial. 

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