La encuesta CASEN 2015 destaca la disminución en los niveles de pobreza, que pasan del 14,4% al 11,7% de la población. Rápidamente surgen los análisis y declaraciones: que el resultado sería producto de la aplicación de las reformas del gobierno (ministro Marcos Barraza), o que la administración Bachelet detuvo el ritmo que logró Sebastián Piñera en La Moneda (exministro Felipe Kast, entre otros). Debemos buscar antecedentes y análisis que nos permitan corroborar y estudiar mejor este tema decisivo para el desarrollo social de Chile.Llevar el problema a la lucha política pequeña es un error y no contribuye a enfrentar este desafío como corresponde. Derrotar la pobreza debería ser una tarea nacional, que implica mucho estudio (saber cuántos son los pobres, dónde están, qué los mantiene en esa situación); exige conocer cómo se mejora su calidad de vida y logran salir de su actual situación (lo que requiere crecimiento económico y políticas públicas adecuadas); requiere, además, una determinación muy clara en relación a los objetivos (focalización del gasto social, capacidad para rechazar presiones corporativas injustas).A mediados del siglo XX, la desnutrición afectaba a casi la mitad de los niños del país, gran parte de ellos no acudía al colegio e incluso cuando iba lo hacía “sin zapatos”. La miseria era una compañera de ruta del subdesarrollo nacional, lo que fue generando descontento y frustración. Felizmente, Chile ha logrado reducir la pobreza sustancialmente en el último medio siglo y el panorama es bastante distinto: en 1987 la cifra llegaba a un 45%, con la restauración de la democracia en 1990 ya había disminuido al 38% y sistemáticamente siguió bajando en los años siguientes.El desafío hoy es que ningún chileno se quede al margen del desarrollo. Para esto es necesario recuperar la senda del crecimiento económico y el progreso social; también es preciso destinar los recursos siempre escasos a la educación, salud y vivienda de quienes más lo requieren; así como es imperativo proteger a los más débiles dentro del sistema: ancianos abandonados, niños sin familia, madres abandonadas. En síntesis, para que todos puedan celebrar sin detenerse en la discusión política estéril, se requiere crecer, bajar la pobreza y hacerlo a un ritmo adecuado, como Chile demostró que podía hacerlo.