Restan pocos días para la realización de elecciones primarias que definirán los candidatos a Alcaldes en varias comunas del país y, posteriormente a ellas, se desatara la campaña de los postulantes a Alcaldes y Concejales en todo Chile.
Pese al generalizado descredito de la clase política, varias decenas de compatriotas lucharan por obtener uno de los cupos en disputa.
¿Cómo se explica que haya gente interesada en ingresar a esta clase tan desprestigiada?
Lo que pasa es que la política entendida como “el arte de gobernar” es una actividad inherente al desarrollo de la sociedad humana y, como tal, siempre hay hombres y mujeres que se interesan en ella.
 La paradoja es que los “artistas” están resultando falleros pero eso no es culpa de la política sino de quienes la practican mal y de los electores que los eligen erróneamente. Es decir, las responsabilidades son compartidas.
Los Parlamentarios se eligen para legislar, es decir, hacer las leyes y los Alcaldes y Concejales se postulan para gobernar la ciudad y, por lo tanto, la ciudadanía gobierna y legisla a través de ellos, investidos como sus representantes.
En un régimen democrático como el nuestro, estos mandatarios son partes imprescindibles de este modelo pero si el electorado es apático, desinformado o  irresponsable será presa fácil de líderes seductores que, sin proyectos de peso, ofrecerán quimeras irrealizables en un populismo que es el despeñadero de la democracia. Por añadidura, algunos trasforman con frecuencia al adherente en cliente.
Los chilenos sabemos muy bien a lo que conduce la demagogia.
Menos mal que la democracia se protege por si sola al renovar periódicamente sus cuadros dirigentes en las diversas elecciones de autoridades. Pero esa opción debe ser honrada por los votantes.
¡No perdamos la oportunidad de elegir bien!

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