Víctor Sepúlveda Carrasco

La discrepancia que se ha producido al interior del Consejo Nacional de Educación, respecto de si es necesario dar carácter obligatorio a la asignatura de Filosofía en el currículum básico común para todos los alumnos de la Educación Media chilena, ha venido a generar una serie de polémicas tanto entre los expertos como entre la ciudadanía que se preocupa por la formación de los adolescentes.

Ella viene a ser la consecuencia de dos visiones antropológicas y educacionales dramáticamente contrapuestas. Desde el punto de vista de una de ellas, la formación del ser humano debe incrementar las potencialidades propias de la especie, tanto como el desarrollo individual de cada sujeto. En conformidad a la otra, si bien las potencialidades específicas deben ser aumentadas, no ocurre lo mismo con las individuales, sino que éstas se deben potenciar solo en la medida de lo posible y en conformidad a la situación propia de cada uno. Una responde a un enfoque inclusivo amplio; la otra, plantea una postura segregacionista.

En el contexto y la situación propia del siglo XXI, parece evidente que tanto la promoción de la especie como la del individuo exige, entre otras condiciones, el desarrollo de la adaptabilidad, la autonomía, la creatividad y la capacidad iniciar proyectos que requieren de la asunción de compromisos de complejidad creciente. Ello hace imprescindible que la sociedad cuente con un sistema educacional que propenda a que los niños y los adolescentes desarrollen capacidades, intereses y valores generales, susceptibles de adaptarse a los distintos y legítimos proyectos de vida de cada uno de ellos.

Lo anterior significa que las especializaciones tempranas, aquellas que postergan y hasta obstaculizan el desarrollo de las potencialidades genéricas, llevan de manera inevitable a la limitar las posibilidades de realización de quienes son víctimas de los sistemas educacionales que las promueven. Los nuevos tiempos hacen necesario que el ser humano esté en condiciones de asumir muy distintas opciones a partir de la especialización y de la subespecialización lo más tardía posible que, al mismo tiempo, le dé la posibilidad de reconvertirse cuantas veces sea necesario en función de sus expectativas personales.

El aumento de la esperanza de vida de las personas, así como el contexto de economía y de desarrollo socioeconómico liberal que se impone en el mundo, hacen necesario que nuestros niños y jóvenes estén libres de ataduras que los limiten, a la vez que estén en condiciones de tomar cualquier camino posible, bastando que sea constructivo y legítimo.

La formación segregada que limita arbitrariamente el desarrollo de las potencialidades generales solo puede dar lugar a adultos esclavos del sistema, a la vez que imposibilitados de dar saltos cualitativos en beneficio propio, de su familia y de la comunidad. Estos, como es de prever, con el transcurso de los años, estarán condenados de manera inevitable a vivir de las dádivas de un Estado que, de persistir las tendencias actuales, se hace cada vez más famélico e impotente. En caso contrario, acabarán siendo una carga para sus familiares o unos mendigos abandonados e indefensos.

En la vorágine del desarrollo científico-tecnológico y de la obsolescencia cognoscitiva, a la vez que del prurito por atestar los programas de estudio de contenidos específicos “a la carta” de los intereses de los grupos de presión, al mismo tiempo que de la tendencia a incrementar la cantidad de asignaturas de los planes de estudios, la única asignatura que está en condiciones de desarrollar la autonomía y, en consecuencia, el desarrollo del pensamiento propio, de la creatividad y de la asunción de compromisos conscientes es la de filosofía.

Lo anterior, que debería ser un imperativo, a la vez que un objetivo transversal, a toda formación humana, en la práctica no se hace realidad, ni en la educación básica ni en la educación media, por cuanto las evaluaciones estandarizadas a la cobertura curricular, y a la llamada “calidad de la educación”, hacen que el trabajo pedagógico en las asignaturas fundamentales para el desarrollo de la cognición se concentre en la preparación para que los estudiantes ponderen bien en las evaluaciones externas, como lo exigen las autoridades.

Desde el punto de vista social y político, la especialización temprana, que trae consigo la segregación escolar y los planes diferenciados, tiene lugar (como solo puede tenerlo) en la apoteosis de los regímenes totalitarios tanto de derecha como de izquierda, a los que les resulta repugnante el respeto a los derechos humanos fundamentales, lo que es una tendencia que puede corroborarse al estudiar la historia de la educación y de la pedagogía.

En un medio como el nuestro, en el que la orientación vocacional que se ofrece a los niños y a los adolescentes es, en general, paupérrima y en una realidad en la que no se puede prever el margen de vida de cada una de las profesiones (menos, el de los oficios) la especialización temprana, que viene aparejada con los planes de estudio diferenciados, atenta groseramente contra las posibilidades de realización y contra las expectativas de miles de estudiantes.

En Chile ha habido varios intentos por eliminar la asignatura de Filosofía. Los dos últimos provinieron del último régimen militar y del actual gobierno. Afortunadamente, ninguno de ellos lo consiguió. Ahora no se está discutiendo la permanencia de la asignatura en el 3° y 4° año medio de la formación científico-humanista, sino que se discute si es pertinente impartirla en todas las modalidades de la educación media. Eso es lo que pretende el Ministerio de Educación, cuyas autoridades terminaron por convencerse (aunque algo tarde) de la necesidad de impartir la asignatura de Filosofía. En el contexto de lo planteado, no hacerlo significa profundizar la segregación que existe en el sistema educativo nacional, con las consecuencias anteriormente indicadas.

En un país acostumbrado a los “gobiernos fuertes” y a las conducciones autoritarias, en todos los niveles, la filosofía tiende a resultar impugnadora y peligrosa. A partir de ello se le teme y algunos la rechazan. Sin embargo, es la única asignatura que está en condiciones de personalizar y de contribuir eficazmente a la autonomía y a la realización de los estudiantes, a través de su aporte al desarrollo del pensamiento crítico expresado en el razonamiento (lógico) convergente, al mismo tiempo que a partir de su aporte desarrollo del pensamiento lateral (innovador o creativo).

                En función de ello, no es casualidad que en muchas unidades educativas se está enseñando Filosofía (incluso) desde los primeros niveles de la Educación Básica.

                Sin embargo, algunos personeros del Consejo Nacional de Educación parece que apuestan por una suerte de “regresión educativa”.