Una vasija diaguita, comedera de arcilla, reserva secretos para los viajeros de todos los tiempos en pueblo con sabor a maíz . Cuando  el transeúnte curioso por el triángulo de la greda, el mimbre y la pescadería suele quedarse con la  vasija premonitoria. Donde se compendia la historia de la joven emprendedora con secretos del porvenir. Una voz antigua... Aunque los maizales tradicionales - con girasoles o sandiales de por medio - no están a la vista, la cantidad necesaria para el consumo local, llega de alguna parte. Tal es el caso en Papudo, Chimbarongo, Pomaire y otros lugares muy frecuentados por cientos de visitantes. En Los Vilos, con  una modelo de playa al estilo de  Botero, los productos nutritivos abren el apetito y el problema se resuelve en los diversos centros de comidas. Es pasado el mediodía en Pomaire, medio centenar de comensales se cobijan bajo el caserón de dos aguas con entradas de luz solar; Carlos, el animador con guitarra y quena pone el toque latinoamericano y nacional. La joven sonriente deposita la vasija con un pastel, una sorpresa.  Por el pasillo que lleva a la planta baja alguien observa y sonríe: -”Mi hija que trabajaba en Viña hizo cursos de mantención en manipulación de alimentos y repostería, responde a la pregunta sobre el origen de “Los Secretos de Anita”. Luego agrega que ella se independizó y empezó a trabajar en un local chiquitito durante un año;  otros seis en uno más grande hasta llegar a los nueve en el local actual. La suegra de Anita es la base de los secretos y el padre don Eduardo Latorre (Lalo), el cautelador y divulgador, cuando la gentileza lo exige. Pero, habíamos quedado con los secretos culinarios precolombinos en esos lugares de la costa chilena que aún muestra restos de ranchos techados con tejas sobreviviendo la avalancha de casonas con diseño avanzado. La vasija de greda con pastel de choclo originario revive otros secretos. ¡Vale!       

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