Señor Director:

 Este mes de abril, debiera ser considerado como una oportunidad para valorar al Ejército de Chile. 12.147 jóvenes -en un 100% voluntarios- el 10 de abril iniciaron su Servicio Militar. Son 10.367 hombres y 1.780 mujeres que representan, tal como lo manifestó el Comandante en Jefe del Ejército, más del 25% del total de la fuerza del Ejército y el 40 % de su fuerza operativa. Razón más que suficiente para convertirse en la responsabilidad y preocupación principal de esa institución.

Son justamente estos los soldados conscriptos y en gran parte también, el personal del Cuadro Permanente (Suboficiales y Clases), los que sustentan la vida diaria de un Cuartel Militar, desde Arica hasta Tierra del Fuego. Los Oficiales, parte importante de esta estructura militar, están solo de paso, generalmente por uno, dos o tres años. Ellos, junto al Cuadro Permanente serán los encargados de modelar a estos jóvenes (hombres y mujeres), que cada año se enfrentan, llenos de entusiasmo y esperanzas, con algo casi desconocido para ellos: la Profesión Militar.

La mayoría de ellos, poco y nada conoce del Servicio Militar. Quizás sólo porque su padre o su madre, tuvo esa experiencia. También puede ser que algún amigo o pariente, alguna vez, vistió la tenida de combate. Para otros, sobre todo en las localidades más alejadas de las grandes ciudades, una desteñida foto de un militar en el living de su casa, un diploma o una medalla con el logo del Ejército de Chile colgada en la pared, constituyen la única referencia sobre el Servicio Militar. Los menos tiene una vaga idea de que esta será la oportunidad para aprender un oficio que podrán desarrollar en la vida civil o terminar sus estudios de la enseñanza media. Otros solo verán en el Servicio Militar, la oportunidad para instruirse en el uso de las armas o la oportunidad para ser un integrante de la Banda de Guerra y desfilar al compás de una marcha militar.

Casi ninguno de ellos sabe que existe algo más profundo y trascendental. Una gran oportunidad para reforzar aquellos valores que les entregaron sus padres o familia y para aprender otros valores desconocidos, pero que los marcará positivamente para toda su existencia. En general, para todos ellos, será un año ganado en sus vidas que jamás olvidarán.

No será un año fácil. Tendrán estrictos instructores que, desde muy temprano, cada día, lentamente los irán introduciendo en la estricta formación militar. En solo unos pocos días y sin darse cuenta, comenzarán a practicar las Virtudes Militares, como el patriotismo, la abnegación, el honor, el valor, la disciplina, la lealtad, el espíritu de cuerpo, el cumplimiento del deber y el respeto. Hábitos positivos que les serán inculcados y que con su permanente repetición se transformarán finalmente, en buenas prácticas y actos positivos. Estas virtudes militares serán la enseñanza valórica más importante en su formación como soldados. Son aquellas que les servirán para controlar sus pasiones sin caer en los extremos o en los vicios y son las mismas, para aquellos que siguen la carrera militar que, en su permanente ejercicio y práctica diaria, definirán la característica de la profesión militar; su costumbre, su ethos.

Estos jóvenes que recién en este el mes de abril, están descubriendo y develando sus dudas, inquietudes y a veces también sus temores del Servicio Militar, se han encontrado con un mundo distinto. Su Cabo, Comandante de Escuadra, se ha transformado en el mejor hermano, su Sargento en el mejor consejero y su Teniente en un líder digno de imitar. Aquí nadie usará el garabato como una expresión permanente del vocabulario, su dignidad será respetada y cautelada, su comida será en cantidad y calidad adecuada y diariamente tendrá el merecido y necesario descanso. Su aseo, tenida y presentación será una de las tantas exigencias que deberá cumplir y su estado físico mejorará semana a semana. Nadie le podrá faltar el respeto y menos castigarlo físicamente. Siempre habrá un Oficial o un Suboficial atento a reprimir ese tipo de conductas.

Pero eso no será todo. En pocos días estará equipado con su tenida de combate, una mochila y un fusil, listo para cumplir con su campaña en terreno y tener su primera práctica de tiro. El corazón se le escapará del pecho y la adrenalina quedará impregnada en su polera. En unas semanas marchará como el mejor de los soldados y los cantos militares le ayudarán a templar el espíritu. Comprenderá que la disciplina es solo una forma distinta de educación y respeto hacia sus instructores y camaradas.

Más adelante comprenderá que su acción en ayuda de la sociedad civil, el conocimiento de la historia militar o el Juramento a la Bandera, constituirá una experiencia única de patriotismo. Su amor al servicio y la renuncia a sus beneficios personales le valdrán el reconocimiento de ser un soldado abnegado. La práctica de la verdad, sinceridad y rectitud en todos sus actos lo convertirá en un soldado de honor. Su valor será una característica que lo individualizará cuando, ante situaciones de peligro, sea capaz de vencer el miedo o por lo menos de superarlo, aunque se encuentre física y mentalmente agotado. Una de las Virtudes Militares que le dará mayor satisfacción, tanto a él como a sus instructores, será la lealtad. Una costumbre que descubrirá cuando se dé cuenta que la lealtad no es apoyar conductas que están fuera de la ética.

En su primera salida, después de un largo periodo de acuartelamiento, sin darse cuenta practicará, más que nunca, el respeto. Aquella virtud que le permitirá aceptar a los demás y valorar sus diferencias. El respeto a la autoridad de su padre, de su madre, de su instructor, será para él algo natural e incuestionable. Paralelamente, mientras más se acerque a su periodo de licenciamiento, como una experiencia colectiva, comprenderá el significado del espíritu de cuerpo. Eso que le hará sentir que pertenece a un grupo humano con los mismos intereses e ideales. Un sentimiento que se manifiesta en un afecto común por la unidad militar en la cual sirve. Finalmente, quizás en la soledad de una fría noche de invierno, cuidando una instalación militar, hará una pequeña pero importante reflexión:  Soy capaz, en esta soledad y sin la vigilancia de un superior, de cumplir con mi deber militar: custodiar y proteger -con mi vida si es necesario- el descanso y la seguridad de mis camaradas. Algo que ocurrirá día a día en los cuartele militares como el de Putre, San Bernardo, Temuco, Lonquimay, Cochrane, Aysén, Punta Arenas o en la Isla Grande de Tierra del Fuego.

Estos son los soldados, que después de un año, el Ejército de Chile reinserta en la sociedad con un valor agregado. Algunos lograrán terminar su enseñanza media, otros habrán adquirido los conocimientos de un oficio para desarrollar en la vida civil. Otros podrán postular a guardias de seguridad o brigadistas para la extinción de incendios. Muchos también, continuarán en el Ejército como Soldados de Tropa Profesional o alumnos de las Escuelas Matrices de las Instituciones de la Defensa Nacional, de Orden o de Seguridad. Pero más importante que todas estas destrezas son las Virtudes Militares adquiridas que, durante un año y para toda la vida, inculcarán sus instructores.

Para que todo aquello siga ocurriendo, como así ha ocurrido por más de 200 años, quienes tienen la noble misión de instruirlos y junto con ello, la cada vez más difícil e inexcusable responsabilidad de mando, jamás debieran olvidar lo que señala una cartilla de esa institución: “…Los valores y virtudes de nuestros líderes también inspiran y animan a realizar nuevos actos virtuosos, que logran la excelencia personal del soldado. Este círculo virtuoso es lo que, en definitiva, va conformando el ethos militar…”. Si fallan en el ejemplo personal, ninguna explicación los hará creíbles ante su tropa y la sociedad civil. Se trata de erradicar definitivamente, toda práctica que no esté a la altura del Ethos de la Profesión Militar. Difícil misión para quien lidera la institución, pero ya se ven las acciones del mando para que las cosas buenas, también ocurran.

 

Christian Slater Escanilla.

Coronel en retiro del Ejército de Chile.

 

 

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Imagen de Christian Slater Escanilla

Señor Director:

En septiembre de 1973, la Cámara de Diputados del Congreso de Chile, declaró la inconstitucionalidad del Gobierno de Salvador Guillermo Allende Gossens. Esto fue ampliamente apoyado por la Democracia Cristiana, los Partidos de Derecha y gran parte de la sociedad.

Ante esta situación, las Fuerzas Armadas y Carabineros, junto a una decena de Ministros uniformados, designados por el propio Presidente Allende, no aceptaron la amenazante Carta del Congreso, produciéndose, el 11 de septiembre del año mencionado, un Auto Golpe Militar en apoyo al Presidente de Chile.

En respuesta a la lealtad del mundo castrense, Allende aumentó la cantidad de Ministros Militares. A varios Coroneles y Capitanes de Navíos los designó como subsecretarios en diferentes carteras ministeriales y, a casi todos los Generales y Almirantes, los puso a la cabeza de las Empresas Estatales o en diferentes Directorios. Los que no cumplían con las expectativas revolucionarias, rápidamente fueron reemplazados por otros.

Los líderes de la derecha y de la oposición al Gobierno de Allende, fueron relegados a diferentes territorios insulares y se establecieron Consejos de Guerra para juzgar a los Contra Revolucionarios. El Comandante en Jefe del Ejército asumió la Vice Presidencia del País. El Congreso fue disuelto y en su reemplazo asumió una Junta Militar del “Nuevo Ejército Popular”.

En el 4to. año de Gobierno, Allende llamó a la reelección. Con el apoyo y control de las “Fuerzas Armadas Populares”, fue reelegido por un nuevo período. En ese instante, algunos grupos de la extrema derecha ingresaron a la clandestinidad, siendo duramente perseguidos y reprimidos por los Agentes del Estado Popular de Chile. Otros se asilaron en diferentes embajadas.

Se cambió el lema del Escudo Nacional, por “Revolución o Muerte” y se rescató la estrofa de nuestro himno nacional, esa que dice: “Vuestros nombres valientes soldados que habéis sido de Chile el sostén…”. Chile se convirtió en un Estado Socialista, donde sus “Fuerzas Armadas Populares” lo controlan todo.

Nunca más una familia pudo tener una segunda propiedad. Desaparecieron las estancias, los fundos y las parcelas de agrado. Los Malls se cerraron construyéndose, en su reemplazo, viviendas sociales. Todo fue expropiado, dividido y entregado al pueblo.

 

Se unificaron los sueldos y se estatizaron los canales de televisión. Otros se clausuraron por imperialistas y anti revolucionarios. Los directores de los medios de comunicación de oposición, en menos de un año, fueron detenidos y nunca más se supo de ellos.

Se crearon los “Tribunales Populares de Defensoría del Pueblo” y se persiguió a todos los que se opusieran a la “Revolución Popular”. Las iglesias fueron clausuradas y se instalaron centros de atención para los más necesitados o se transformaron en hostales para las juventudes comunistas. La prensa imperialista fue obligada a vender sus derechos al Estado y se instauró la Educación Nacional Unificada, para aprender más sobre Cuba, la Unión Soviética, las bondades del marxismo, el socialismo y el comunismo.

Hoy, en Chile, casi nadie trabaja. No es necesario, todo está subvencionado por el Estado. Se establecieron las Juntas de Abastecimiento, el Control de Precios y los “Almacenes Populares”, lo que permite – hasta hoy –  dar de comer al pueblo y satisfacer sus necesidades básicas. Se establecieron centros recreacionales solo para turistas extranjeros, cuyo ingreso es controlado por el Estado. Esto, en Vichuquén, Las Tacas, Pucón, Lago Llanquihue, Puerto Varas, Zapallar, Cachagua y Chiloé. Caburgua, se convirtió en un gran Centro Recreacional para los que trabajan directamente en el Gobierno. El resto de las áreas turísticas de Chile quedaron abiertas, exclusivamente, para aquellos ciudadanos inscritos en el “Partido Revolucionario del Pueblo”.

Las “Fuerzas Armadas Populares de Chile”, actualmente, gozan de un gran apoyo ciudadano y viven en barrios privilegiados de las principales ciudades del País. Se caracterizan por su compromiso con la revolución socialista y sus largos viajes e intercambios profesionales con Cuba, Venezuela, Ecuador, Corea del Norte, la actual Rusia y últimamente China. Sus hijos pueden estudiar en Europa, como también, entrar y salir del País, sin ningún tipo de restricciones. Nunca se les ha perseguido y menos juzgado o encarcelado, salvo, claro está, aquellos que han abandonado los principios revolucionarios. En general se sienten muy tranquilos con su futuro. Saben que, si algún día llega a gobernar la derecha, no tendrán ningún problema. A la izquierda y sus atrocidades siempre se les perdona. El “Síndrome de Estocolmo”, los favorece a ellos.

Los principales líderes – civiles y militares – de esta Revolución Popular, a su muerte, han sido inmortalizados en impresionantes monumentos frente a la Plaza de la Revolución (ex Plaza de la Constitución). Al mismo tiempo, en las unidades del Ejército, de la Fuerza Aérea y de la Armada, se dispuso rescatar la figura del Coronel Marmaduke Grove Vallejo, como reconocimiento a sus acciones, en 1932, para proclamar la República Socialista y posteriormente, en 1933, su apoyo en la creación del Partido Socialista de Chile.

Por otra parte, las cárceles se encuentran atestadas de ex integrantes de Renovación Nacional y de la Unión Demócrata Independiente. También se han creado cárceles de exterminio, donde a los imperialistas de la extrema derecha se les ha privado de sus Derechos Humanos, para dejarlos morir encadenados a sus catres de enfermos terminales. Todo, pese a las súplicas y el sufrimiento de sus familias; principalmente, hijos y nietos que nada han podido hacer por ellos. La pena de muerte no existe, pero estos encarcelamientos son una forma de disfrazar la persecución, el odio y la venganza contra la derecha y, en especial, la derecha económica, que tanto daño le hizo al pueblo.

El Partido de la Democracia Cristiana, se cambió el nombre y hoy se llama Democracia Revolucionaria, siendo grandes aliados con los Socialistas y los Comunistas. Actualmente son los principales impulsores para otorgar a Bolivia una salida soberana al mar y también, para entregar los campos de Hielo Sur a Argentina. Total “unos metros más o unos metros menos” en nada le afectan a Chile.

En el País no existe la iniciativa privada, todo lo controla el Estado. El cobre, cada día más escaso, sigue siendo el único sustento de la economía. La sociedad, se ha acostumbrado a vivir con poco. Se conforman con un techo y algo para comer. Con la “Canasta Familiar”, que les entrega el Estado, es suficiente. No tienen mayores expectativas. Es el Chile de hoy. No tiene para qué ser peor….ni mejor tampoco. Ya nos acostumbramos a que el Estado sea nuestro sostenedor.

Allende, que en paz descanse, ya no gobierna Chile. Su familia y amigos se han encargado de mantener el poder. Algo que no ha sido fácil, pero con fantásticos actos circenses, juegos de luces, muñecas gigantes y multimillonarios créditos obtenidos en lejanos países, el pueblo embobado, se conforma con vivir el día a día, el ahora, sin pensar en su futuro y menos, en el de la familia o del País. Esos conceptos ya no existen. Hoy, “Familia y País”, es cualquier cosa.

Estimados lectores, este relato – aunque tiene partes que no superan la realidad – es sólo una ficción de una mente acorralada por los acontecimientos actuales. Un relato recomendado solo para aquellos que han superado los 60 años. Los más jóvenes, jamás lo entenderán y nunca creerán que, esta narración, con una simple orden ¡a la izquier!, pudo haber sido cierta.

 

 

Christian Slater Escanilla

Coronel (R).

Magister en Inteligencia y Planificación Estratégica.

 

 

 

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