Crédito fotografía: 
Alejandro Pizarro Ubilla
En un recorrido por La Serena y Coquimbo, un equipo de diario El Día evidenció la disminución de este tipo de actividades. Los artistas que siguen activos se esmeran por cumplir protocolos básicos como uso de mascarilla y sanitización.

La pandemia del Covid-19 cambió por completo el panorama artístico. La imposibilidad de realizar espectáculos presenciales hizo que los músicos, malabaristas y actores, entre otros, buscaran nuevas fuentes de ingreso o se volcaran a las plataformas virtuales. Las cuarentenas, ya sea con confinamiento completo o sólo de fines de semana, sumado al toque de queda, restringieron a su vez el arte callejero en los semáforos, tan común en La Serena y Coquimbo.

La actividad experimentó una notable disminución, la que se puede observar al hacer un recorrido por los principales puntos de ambas ciudades.

Diario el Día conversó con algunos artistas, quienes, ya sea de paso o de manera estable, ocupan los semáforos para realizar diversas performances con el fin de conseguir la preciada propina.



Años de malabares 



A Ricardo Lara lo encontramos en la esquina de Balmaceda con Amunategui en La Serena, pero itinera por varias intersecciones de la capital regional. No importa donde esté, siempre impresiona con su astucia para manejar el devil stick o golo. 

Su rutina de malabarismo dura lo que le permite la luz roja, segundos que aprovecha al máximo para mostrar su arte, el que viene perfeccionando desde hace 17 años.

Además, cuenta que maneja varias ramas circenses, las que ha dado a conocer en los semáforos. “Es una fuente laboral rápida que permite salvar el día a día”, señala. 

La falta de eventos masivos ha limitado sus posibilidades de trabajo, motivo por el que en el último tiempo también ha incursionado en el delivery y venta de artesanías. 

Según relata, La Serena, ciudad en la que vive hace dos años, es un buen lugar para los artistas callejeros, ya que la ciudadanía los valora. “La gente ha tomado un poco más de conciencia sobre nosotros, los malabaristas que trabajamos en la calle”, destacó.

En la misma línea, agrega que si bien ahora el panorama se ve más complejo, “La Serena es una buena ciudad, no para hacerse millonario, pero alcanza para vivir, pagar el arriendo y las cuentas”.

Sobre la recepción de las personas, Labra comenta que no es obligación dar propina. “Es decisión del público. El que lo quiere valorar lo hará de buena manera y el que no está bien. No se juzga”, indica. 

En relación a como le ha cambiado el día a día con la pandemia, el artista callejero relata que tuvo que modificar todas sus rutinas. “Uno se tiene que reinventar en todo momento, el hecho de usar mascarilla ya es algo diferente a lo que estábamos acostumbrados. Es incómodo estar haciendo malabares con ella, no puedes tener expresiones en tu cara, la gente no sabe si estás sonriendo o enojado, entonces igual es más difícil”, complementó Lara.

Una opinión similar es la que tiene Gonzalo Oliva, joven malabarista que ocupa la esquina de Larraín Alcalde con Amunategui, justo frente al CDT de La Serena. Él muestra su destreza en el lanzamiento de pelotas y clavas, arte que realiza desde hace siete años.

La emergencia lo hizo volcarse a las redes sociales. “Cuando llegó la pandemia no podíamos ir a trabajar al semáforo, entonces vino una transformación de nuestro arte. Yo al menos pasé a la modalidad online, empecé a hacer cursos de marketing digital y manejo de redes sociales para poder hacer espectáculos en línea.  Luego volví a las calle”, cuenta. 

Para Oliva, la campaña de vacunación significó mayor confianza de la gente y con ello, una mejor valoración de su trabajo. “En un principio la gente estaba reacia a abrir las ventanas, pero luego de la vacuna cambió un poco la cosa, ahí yo sentí que volvieron a dar la propina”, sostiene. 

Respecto a los protocolos Covid, asegura que usa siempre mascarilla, a pesar de la dificultad que le genera al respirar. Para él es muy importante estar en contacto con la gente.

Recorriendo Chile 



Al noroeste de aquel punto, específicamente en el cruce de Avenida de Aguirre con la ruta 5 norte, encontramos un espectáculo poco común. Se trata de un joven, que con dos muñecas baila al ritmo de la música. Así, con los últimos éxitos del reggaetón,  René Ortega, proveniente de Venezuela, junto a dos compañeros, le dan vida a su show, el que entrega alegría a quienes esperan pacientemente la luz verde.

“Aquí en Chile me desenvuelvo haciendo arte callejero en los semáforos con mis muñecas y mis compañeros, somos un equipo de tres personas, entre todos nos apoyamos y gracias a Dios nos ha ido bien y Chile nos ha apoyado mucho”, comenta Ortega, quien, al momento de la entrevista llevaba cuatro días en La Serena con planes de desplazarse al sur.

“Queremos ir a Santiago y Viña del Mar para que la gente conozca lo que hacemos. Nosotros le decimos las muñecas de baile”, señaló el joven, quién viene viajando desde Perú, donde aprendió a realizar el número artístico. Sobre las dificultades en pandemia, Ortega explicó que al principio “fue un poco duro, pero la gente ya se acostumbra y gracias a Dios ya está mejor la cosa”.

Jugar con fuego en las noches coquimbanas 



En la intersección de Avenida Los Clarines con calle Los Pimientos, en el sector de Sindempart en Coquimbo, nos encontramos con un espectáculo alucinante, que se puede disfrutar sólo después de la puesta de sol. Hablamos de los juegos con fuego, donde el malabarista enciende antorchas para demostrar su talento.

Quien está detrás de este show es Rodrigo Mc Clarking, que desde su juventud pule este arte circense. “Yo me dedico al malabarismo en sí desde el año 1999, en la calle aproximadamente desde el 2003”,  cuenta Mc Clarking, que por falta de otras instancias decidió presentarse en los semáforos.

“Esto es para salir del paso, para tener un sustento diario”, indicó el malabarista, quien añadió que anteriormente se dedicaba a preparar espectáculos callejeros, especialmente en verano. 

“Desde que empezó el estallido social ha sido muy difícil, porque ya no se puede acumular gente para hacer espectáculos callejeros, ya no es lo mismo, la gente anda asustada. En pandemia tenemos que andar con mascarilla, ya no podemos mostrar la sonrisa”, sostuvo el artista, que reconoce que si bien hay mucha gente que lo apoya, ha tenido que realizar otros trabajos para mantenerse económicamente.

“En este año me he tenido que dedicar a otras cosas por el hecho de la pandemia, hago artículos reciclados, reparo bicicletas en mi casa, hago muebles”, detalla. 

Sobre el malabarismo, Mc Clarking manifestó que, “me encanta lo que hago hace más de 20 años. Me dio la oportunidad de viajar por toda Sudamérica”, lamentando que las condiciones actuales no le permitan desarrollar correctamente su arte. “En el caso de nosotros, los artistas, acumular gente es lo primordial, porque mientras más gente aprecie el espectáculo, mejor será el tema monetario”, concluyó, asegurando que por las actuales condiciones trata de cuidarse al máximo con el uso de mascarilla y alcohol gel.

 

 

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